
Muchos peruanos que se fueron de su país piensan que la vida se disfruta mejor en Perú, más aún que en el extranjero. A pesar de las diferencias económicas y de las formas y calidad de vida, muchos peruanos extrañan el calor humano de la vida simple en Perú. Sin embargo, para muchos es impensable el regresar a vivir en un país que todavía está en formación y en cambio constante (inexpicables cambios a veces), y por lo tanto con muchos problemas sociales, donde casi no existe una clase media (con excepción de algunas áreas de la capital Lima y dos o tres ciudades más). En Perú, al igual que el resto de Latino América, uno es muy rico o muy pobre, y ambas realidades con diferencias abismales difíciles de superar aunque no imposibles.
Para vivir en Perú se necesita coraje, creatividad, esfuerzo y optimismo, cosas que les sobra a los padres peruanos, quienes no pudiendo cubrir siempre los gastos de la familia, recurren a una u otra forma de empleo para apoyar a sus hijos. Es que en el país del huayno, el pisco, la chicha, el oro Inka, el ceviche, perreo chacalonero y la marinera, todavía existe mucha pobreza, injusticia, y falta una educación de primera que fomente -entre otras cosas- nuevas formas de mejorar la economía local usando los recursos humanos y naturales tan valiosos que ya tienen los peruanos.

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