15 jun. 2007

ArcaicO__LíticO [10000 -5000 AC]

La aparición del ser humano en los Andes peruanos




Para los Andes las ocupaciones territoriales se dieron entre los 10,000 y 5,000 a.C.,a través de una oleada paralela de ocupación continental.
La flora y fauna de ese momento consistía en enormes animales como el megaterio (perezoso gigante), el tigre diente de sable, ciervos, caballos y mastodontes se convirtieron en el alimento principal de la nueva población andina. La caza de estos animales les permitió vivir en los Andes durante miles de años a pesar de que sus herramientas eran muy rudimentarias y elementales (toscas puntas de piedra, anzuelos de hueso y hachas de piedra). Hacia el 10,000 a.C. el territorio andino (peruano) ya había sido ocupado, principalmente las zonas comprendidas entre el Callejón de Huaylas y la cuenca del lago Titicaca en la sierra y entre Moquegua y Piura en la costa. En aquel tiempo, los desiertos costeños eran escasos, existían bosques húmedos llenos de fauna silvestre. La diversidad climática y biológica permitió al hombre arcaico recolectar los frutos que la naturaleza le ofrecía. Tal como afirman los investigadores, todos los miembros de la familia, incluidos los niños, participaban en la recolección de alimentos. Protegiéndose del clima o de los animales, los hombres de esta época habitaban en cuevas abandonadas hasta que el alimento en la zona se terminara. Una vez recolectados todos los alimentos posibles y tras haber cazado a los animales de la zona, procedía a trasladarse a otro sitio que les siga permitiendo la supervivencia. Durante este periodo arcaico los hombres andinos solo vivían de la caza y recolección, eran nómadas y se albergaban temporalmente en cuevas y abrigos rocosos. Se trataba de una economía de subsistencia
No es posible hablar con mucha certeza sobre la organización social de los cazadores y recolectores del periodo arcaico. A partir de los utensilios y herramientas encontradas y de la variedad de restos de alimentos hallados en las excavaciones arqueológicas, algunos investigadores establecen que debió tratarse de grupos de cazadores y recolectores de hasta 20 individuos cuyo radio de ocupación iba entre los 9 a 10 km.. El jefe o líder de la banda debió haber sido el más fuerte o el más hábil cazador quien defendía al grupo ante cualquier situación de peligro.

ArcaicO_Pre-cerámico inicial [5,000 - 3,000 a.C]

La domesticación del ambiente





Hacía el 5,000 A.C. se empezó con al domesticación de plantas como la quinua, las calabazas, el pallar y frijol. El cuy y la llama principalmente fueron domesticados desde esta época. Desde el 7,000 a.C. ya se tiene registro en los diferentes estratos de las cuevas y abrigos rocosos de la preferencia en el consumo del hombre por la llama.
El descubrimiento de la agricultura y ganadería fue sin duda uno de las más grandes revoluciones del hombre andino. Se cree que la domesticación de plantas y animales empezó en los 8,000 a.C. a raíz de la observación de los ciclos naturales de ambos recursos. La caza indiferenciada fue dejándose a un lado y se paso al cuidado selectivo de los animales y plantas. Ya no se cazó a hembras o animales pequeños, sólo a los animales machos. Las plantas sufrieron igual selección. Ya no se recogía todas las frutas, semillas o vallas, tampoco se dejaban solo las maltratadas o secas pues se dieron cuenta que si estas eran las únicas que dejaban, al año siguiente, todos los frutos serían de baja calidad. Se dieron cuenta igualmente que algunas plantas crecen solamente en un sitio determinado y que no es posible conseguirlas en algún otro piso altitudinal. Por esta razón los hombres andinos y costeños empezaron a establecerse en sitios aledaños a sus tierras de cultivo y establecieron campamentos cerca de pastizales frecuentados por camélidos.

En los Andes las plantas más importantes que se llegaron a domesticar fueron el maíz (4,000 a.C.), maní (3,800 a.C.), papa (5,000 a.C.), quinua (6,500 a.C.), cañihua (no existen datos sobre su domesticación), calabazas (4,500 a.C.), zapallos (4,500 a.C.), algodón (2,500 a.C.), ají (no existen datos sobre su domesticación), frijol (7,600 a.C.) y quinua (3,000 a.C.).

Animales también fueron domesticados y asimilados a la vida cotidiana del hombre del precerámico. Existen restos del cuy desde los 8,000 a.C. (fase Ayacucho), pero no se han encontrado muestras que evidencien su domesticación sobre los 3,500 m.s.n.m.. Junto a la sedentarización del hombre, el cuy se vuelve alimento indispensable en la sierra.
Datos arqueológicos indican que hacia el 4,000 a.C., el pastoreo se consolidó principalmente en las regiones superiores a los 2,500 ms.n.m., sobretodo en Junín, Pasco, punas de Huánuco y Ancash. El pastoreo se generalizó por su fácil práctica y bajo grado técnico necesario para llevarlo a cabo. Bastaba juntar un rebaño de camélidos pues su alimentación era natural (aprovechamiento de los pastizales naturales en la puna y zonas altas de los Andes) y su cuidado se centraba en la protección del rebaño frente a depredadores. Los camélidos le proporcionaban todo tipo de beneficios a los hombres andinos, carne para su alimentación, lana para abrigarse y guano, indispensable combustible en las alturas del Ande. Como transporte, las llamas y guanacos fueron utilizados como bestias de carga no solo en las punas, sino también para movilizar y transportar cosas entre los diferentes pisos altitudinales.

FormativO__Pre-CerámicO [3.200- 2.200 AC]

Sedentarismo, inicio de las ciudades


Caracterizada por la economía sedentaria, aparece una seudo-urbanización y a la vez asentimientos completos.


Los tejidos aparecen una vez concluida la domesticación del algodón. Para los Andes centrales los tejidos más antiguos fueron encontrados en Huaca Prieta por el arqueólogo Junius Bird en 1946. Junto a varios objetos (mates, restos de comida, tallas en piedra, etc.) los primeros textiles en algodón revolucionaron la concepción que hasta esa fecha se tenía acerca del avance tecnológico del hombre andino. Los tejidos de Huaca Prieta tuvieron un fechado de 2,500 a.C., mil quinientos años anterior al estadio cultural Chavín, considerado hasta entonces como el primer horizonte cultural de avanzada en los Andes.

A través del tejido se pudo analizar el tipo de animal elegido, es decir si era doméstico o salvaje. También se pudo analizar el conocimiento científico y su dominio del entorno, pues a través del estudio de la fibra textil se obtuvieron importantes datos acerca del conocimiento que tenían sobre los tintes y su composición. La forma de torcer el hilo permitió conocer cuales fueron sus patrones en el tejido y también cuales fueron sus zonas de influencia. La técnica del entrelazado es la más antigua y simple que se conoce para esta época. Es una técnica en la que no se necesita un telar, tan sólo se entrecruza de distintas maneras las urdimbres y las tramas del tejido. Sus variantes permite crear múltiples y complejos diseños.
En cuanto al desarrollo de asentamientos y seudo-urbanización destaca Caral.
Se ubica en el valle de Supe, Barranca; a 182 km al norte de la ciudad de Lima. Las investigaciones arqueológicas demostraron su pertenencia al periodo precerámico pues se desarrolló entre los 3,000 años a.C. y los 1,600 años A.C. La presencia de este complejo arqueológico desestructuró las hipótesis sobre el desarrollo cultural en los Andes peruanos pues es 1,500 años más antigua que Chavín, considerado por muchos años el foco cultural más antiguo y complejo del antiguo Perú. Se tiene documentación de los centros arqueológicos de Supe desde los años 1940, a través de fotografías aéreas que mostraban las plazas y centros arquitectónicos. Sin embargo no se hicieron excavaciones ni estudios pues se le daba poca importancia frente a las distintas manifestaciones culturales del antiguo Perú.
En sus 66 hectáreas se distinguen dos zonas diferenciadas arquitectónicamente: la zona nuclear y la zona periférica. En la primera se ubican los edificios y las residencias de los grupos de la elite, plazas circulares y grandes espacios públicos para reuniones multitudinarias. La zona periférica contiene las viviendas de la gente común agrupadas a manera de archipiélagos a lo largo de la terraza anexa al valle.Caral se ubicó en la margen derecha del río Supe.
En dos recintos arquitectónicos se encontraron un conjunto de flautas realizadas en huesos de pelícano y cóndor. Estos instrumentos musicales revelan una práctica musical importante en la sociedad de Caral pues se cree que fueron interpretadas ante público en las plazas elaboradas para tales fines. Las flautas están decoradas con diseños incisos y están representados monos, cóndores, figuras antropomorfas.

Período inicial [2000 - 500 a.C]


De las aldeas a los grandes templos




Al volverse sedentarios y a grupados en aldeas, buscaron el beneficio comunal a través de la división del trabajo. Los valles interandinos, las lomas y valles costeños fueron los escenarios geográficos escogidos para establecerse y formar asentamientos poblacionales de gran envergadura donde resalta la arquitectura monumental de carácter ceremonial, que tuvo sus inicios en el precerámico tardío. Fue principalmente en la costa central y norte donde se encuentran las más grandes construcciones (especialmente pirámides truncas y complejos en forma de U), no obstante en la sierra se han encontrado los primeros restos de arquitectura religiosa.Junto a estas expresiones arquitectónicas la cerámica apareció en los Andes, pero cabe aclarar que su presencia no es una medida que establece el avance tecnológico del antiguo poblador andino. Para cuando aparece la cerámica en los Andes centrales, existía parelamente un desarrollo tecnológico y cultural avanzado para la época pero que no usa cerámica (acerámico): Caral

Lo que si fue novedoso para la época fue la organización política. Las jefaturas y templos alcanzaron papeles preponderantes en la organización de las aldeas. Las autoridades religiosas obtenían del poblador común su energía y fuerza de trabajo para garantizar con los excedentes producidos el prestigio de los templos. Surgieron especialistas dedicados fundamentalmente a la producción de utensilios y herramientas y que estuvieron principalmente al servicio de las elites y grupos jerárquicos.
Uno de los primeros y principales de los centros ceremoniales del Período Inicial fue Kotosh, en el departamento de Huánuco). Su ocupación se remonta al 2,500 a. de C., extendiéndose hasta el 1,500 a. de C. En este se ha hallado el famoso Templo de las Manos Cruzadas, llamado así por el hallazgo de relieves de manos debajo de nichos en uno de sus recintos.
De este período data también la construcción del canal de Cumbemayo, (Cajamarca), una importante obra de irrigación que conecta las cuencas del Pacífico y el Amazonas a través de un agreste terreno. El canal está labrado sobre la roca y estuvo asociado a ceremonias de culto al agua.
Un de los más famosos centros ceremoniales de este período es Cerro Sechín, en el valle de Casma, sobre la costa del Pacífico. La fachada del templo está adornada por lajas de piedra con relieves que presentan guerreros ornamentados con cabezas cercenadas y armados con porras. Junto a ellos se ha representado una colección de partes humanas que incluye columnas vertebrales, pilas de cabezas cortadas, rosarios de ojos, cuerpos cortados a la mitad, entrañas, etc. conformando una escena macabra.

Horizonte tempranO [500 - 200 a.C]

Los primeros vestigios de la tradición panandina








Es el período en el cual se produce la transición definitiva hacia un modelo estatal, basado en señoríos. Estos obtenían su cohesión gracias al liderazgo de elites religiosas fuertes dedicadas al culto y a las observaciones astronómicas (de gran importancia para la agricultura). Su poder se vio reflejado en la construcción de imponentes templos a lo largo de toda la costa del Perú. Estos tuvieron un patrón distintivo por tener plantas en forma de U y, a menudo, plazas ceremoniales de considerable extensión. Las divinidades de este período están caracterizadas por su aspecto terrible con grandes colmillos, aspecto felínico y cabezas de serpientes.
La cumbre del desarrollo del Horizonte Temprano estuvo dada por la construcción del centro ceremonial de Chavín de Huantar en el actual departamento de Ancash. Su importancia fue tal que el arqueólogo peruano Julio C. Tello lo consideró el centro matriz de la alta cultura en el Perú. Hoy se sabe que Chavín fue precedido por un largo desarrollo cultural que se remonta al Precerámico, del cual fue su culminación. Su ocupación comenzó hacia el 1,000 a. de C. y las sucesivas etapas del sitio son han quedado plasmadas en su arquitectura.
La construcción más antigua de Chavín de Huantar es el llamado Templo Antiguo, una construcción de piedra en forma de U que rodea una plaza hundida circular.
Más hacia el sur en el actual departamento de Ica, se desarrolló la cultura Paracas, en forma paralela a Chavín (1,000 - 200 a. de C.). Es conocida por las abundantes tumbas de esta cultura halladas en la península de Paracas. Basándose en ellas se distinguen dos etapas. La primera se denomina Paracas Cavernas y se caracteriza por sus tumbas en forma de botellas de pico largo. En el fondo de estas se colocaban fardos funerarios ornados de textiles multicolores y una cerámica de decoración incisa y pintura post cocción. La segunda etapa es Paracas Necrópolis, notable por la gran perfección de su textilería. En esta etapa, las tumbas adoptan la forma de verdaderas ciudades de muertos, de allí el nombre de Necrópolis. Es de destacar la profusión del empleo de la deformación y la trepanación craneana en las momias paracas.

ClásicO-IntermediO tempranO [200 a.C. - 500 d.C]

Los desarrollos regionales. Surgimiento del estado



Si bien se conoce a este periodo con el clásico nombre de Intermedio Temprano acuñado por John Rowe, otros investigadores han acuñado, a lo largo del siglo XX, diversos nombres para tan compleja y diversa etapa. La variedad de culturas que surgieron y se desarrollaron a lo largo de todo el territorio nacional no impide se encuentre entre ellas muchas similitudes, relaciones e intercambios. Características como el urbanismo, el desarrollo artístico avanzado, la diferenciación social marcada, la jerarquía de deidades, el comercio a largas distancias y los cambios en el plano sociopolítico (que para algunos investigadores incluiría hasta el surgimiento del Estado en la costa norte) son las más saltantes del periodo, sin ser su alcance por ello homogéneo en todas las culturas.
El debate sobre el surgimiento del Estado es central para este periodo y la mayoría de los arqueólogos e investigadores han dado su apoyo o rechazo a esta teoría.
La organización administrativa de un Estado se detecta arqueológicamente y debe presentar por lo menos tres niveles ordenados jerárquicamente: capital o sede del poder; centros secundarios o cabezas de región; centros de tercera categoría y comunidades. La presencia del Estado también se detecta en los patrones domésticos y residenciales, a través de las grandes obras públicas, palacios y residencias para los líderes, construcciones que señalan la presencia de una clase dirigente profesional. Otros detalles como el control del territorio, el cobro de un tributo, el reclutamiento de personas para la guerra y la realización de la misma con fines de dominación se vieron en los vestigios arqueológicos a través de la aparición de centros urbanos fortificados y guarniciones estratégicas a lo largo del territorio controlado por el Estado.
La existencia o no de la ciudad en este periodo es también un tema aún en debate, y está ligado íntimamente a la existencia o no del Estado. Para comprobar si las aldeas se convirtieron en ciudades no basta con ver el crecimiento demográfico, es necesario encontrar también la existencia de una estructura administrativa y un sistema de producción controlado. Los vestigios arqueológicos parecen no dar suficientes luces sobre el asunto, pero es posible decir, tomando uno de los polos, que si bien no existió la ciudad propiamente dicha, los desarrollos regionales estuvieron muy cerca de conseguirla. Uno de los ejemplos más claros es Tiahuanaco, centro urbano ubicado en el altiplano boliviano.
Esta etapa especialmente bélica, y por qué no decirlo, violenta por la cantidad de fortalezas y sitios fortificados encontrados así como por las representaciones artísticas donde hay escenas relacionadas con el tema y por la cantidad de muertos por violencia que se ha encontrado en las tumbas; tiene un alto desarrollo en el tema tecnológico, agrícola y en las artes.
En esta etapa destacan los grupos Moche y Nazca.

Horizonte mediO [550 - 1000 d.C]



La formación de los imperios




La complejidad de las dos culturas más importantes de este periodo, Huari y Tiahuanaco, además de su extensión y desarrollo, son las que más han llamado la atención.



Tiahuanaco



La Cultura Tiahuanaco (100 a.C. - 1200 d.C.), gracias a que ha dejado impresionantes vestigios arqueológicos a lo largo de gran parte de territorio, ha sido uno de los fenómenos más mencionados por los investigadores, pero se cuentan con pocas investigaciones clarificadoras a la fecha.
La hoya del lago Titicaca y gran parte del Altiplano fue la ubicación geográfica de los tiahuanacos. Los investigadores se han interesado por Tiahuanaco desde 1892, estableciendo que se trataba de una cultura anterior a la de los Incas. En 1932, Wendell Benett establece una secuencia de tres épocas para esta cultura: Tiahuanaco Temprano, Clásico y Decadente. Investigaciones posteriores han llegado a la conclusión que esta clasificación es incompleta y hasta errada, pero lamentablemente a falta de otras que la esclarezcan, se sigue usando, no sin reparos.
Esta época se estableció lo que algunos investigadores denominan un "estado imperial" sobre la base de un sistema teocrático de carácter pacífico. Realizó una expansión real que responde más a las necesidades naturales derivadas de las inhóspitas condiciones geográficas y climáticas ya mencionadas que a un afán bélico expansionista; si a esto le sumamos la existencia de una religión de alto prestigio que se diseminó mediante el intercambio comercial, tenemos una respuesta más o menos clara al tipo de expansión Tiahuanaco, que mediante la iconografía de textiles y cerámica, sumado a la gente que las transportaba, logró influenciar en gran parte de los Andes, incluyendo a los Huari.
Así, tenemos a una cultura que desarrolló un sistema centralizado con poder suficiente como para ejercer poder sobre sus centros de poder más alejados, además de organizar un sistema de distribución de productos bastante compleja por las distancias. Asimismo, utilizó su religión como nexo entre diferentes etnias económicas, teniendo como figura central el Dios de los Báculos presente en la Puerta del Sol.
Este sistema le permitió la administración efectiva de un extenso territorio sin necesidad de recurrir a acciones bélicas, o en todo caso no existe evidencia de ello. Este sistema de complementariedad económica fue luego utilizado por los Incas sobre una extensión de territorio mucho más vasta, complementándolo con la movilización de poblaciones enteras o mitmac.
Es durante esta época que se edificó la famosa Puerta del Sol.





Huari


En la zona del actual Ayacucho para el Intermedio Temprano ya había presencia de grupos urbanos importantes que se desarrollaron paralelamente, uno con influencia Nazca y otro con influencia Tiahuanaco. Si bien no hubo un conflicto armado, la influencia religiosa Tiahuanaco se dejó sentir y se sobrepuso a la tradición Nazca, formando una tradición estatal muy fuerte a partir de la tradición local Huarpa. Alrededor del 550 d.C. es que surge un Estado Panandino expansionista que los investigadores llaman Huari, y que se desarrollará hasta el 900 d.C., a través de 6 etapas urbanísticas y estilísticas.
Durante la primera fase aparece el Estado y la ciudad y hay una presencia de imágenes Tiahuanaco en la cerámica. Durante la segunda fase los cambios son más dramáticos, la ciudad crece vertiginosamente y el Estado Huari se expande hacia la sierra norte hasta el Callejón de Huaylas, hacia la sierra sur hasta Cuzco y en la costa central y sur. En la fase siguiente Huari entraría a un periodo de reestructuración política y realizó una segunda expansión en la zona central andina, además que la ciudad de Huari alcanzó su máxima extensión y población. En la cuarta fase se expandirían las fronteras hasta Cajamarca, La Libertad, Moquegua y Sicuani. Luego de esta última expansión, durante las dos últimas fases la ciudad de Huari se despoblaría por una crisis a partir de las condiciones climáticas que afectaron la producción de alimentos. Asimismo colapsan los centros provinciales, desapareciendo la administración Huari y su proyecto.
Vale la pena mencionar que la administración Huari fue la más avanzada de su tiempo en cuanto uso de tecnologías de comunicación (caminos) y en cuanto al desarrollo de las ciudades (urbanismo). Estos elementos desarrollados por los Huari se conservaron durante el Intermedio Tardío y fueron utilizados por los Incas para establecer su poder a lo largo de los Andes.

Post- ClásicO__IntermediO TardíO [1000-1450 D.C]

La época de los grandes reinos

El renacimiento de las culturas locales se circunscribe en un marco cronológico difícil de definir. La paulatina desintegración de los Huari y la igual expansión incaica dejan muchas dudas en cuanto a la imposición de las fechas, sobre todo si en las manifestaciones de la cerámica -uno de los principales métodos de diferenciación de las culturas- después de los Huari no hay una ruptura clara, sino más bien una mezcla regional. Las fechas convencionales se ubican entre el 900 d.C. y el 1400 d.C. pero pueden variar según los investigadores consultados.La otra difícil definición es el del sistema político que surgió en este periodo. Se ha hablado de reinos, señoríos y curacazgos, pero todos ellos son insuficientes y no comprenden cabalmente la complejidad del desarrollo de tradiciones y culturas del Intermedio Tardío.
Para complicar el panorama, la estabilidad de fronteras durante este periodo casi no existe, hubo constantes pugnas de poder, movilizaciones de población y un mosaico lingüístico variado que no se ha conservado hasta nuestros días (los Incas modificaron los nombres originales por fonemas quechua).
Lo que se puede deducir de los desarrollos regionales durante esta época es la existencia de una dicotomía en cuanto a la organización política entre las culturas de la costa y las de la sierra. En la costa primó una organización compleja a través de vastas extensiones de terreno, a través de varios valles. En la sierra más bien de organizaron pequeños señoríos dispersos y concentrados en las zonas altas, más cercanas a las fuentes de agua. También durante este periodo hubo una gran incidencia en los conflictos fronterizos, al parecer por una demostración e intento de acumulación de poder, como parte del legado expansionista Huari, o como parte de la necesidad de obtener mayores pastizales y zonas de cultivo en un contexto de sequía desde el siglo XI y que duró unos 200 años.
La economía no sufrió mayores cambios, mientras que siguieron los patrones de producción andina que hemos visto en periodos pasados. En cuanto al arte, vemos que la principal transformación es una menor sacralización del mismo, sin que por ello desaparezcan los motivos religiosos. La tecnología agrícola también es la misma que hemos visto anteriormente, sólo que llevada a un punto más alto del desarrollo, como el caso de los canales intervalles de la costa en la zona de Lambayeque.
Finalmente, ocurre un proceso divergente en el desarrollo del arte. Por una parte la alfarería se empieza a producir en serie a través de moldes, por lo cual pierde calidad y acabado; mientras que los textiles costeños encuentran un alto punto de calidad y belleza. Se sigue trabajando la metalurgia, el oro principalmente en el norte y la plata en el sur.
Dentro complejo de culturas que se desarrollaron en esta etapa están los Chimú, Chincha, y Chancay. Posteriormente Los Inca.
Chimú

La tradición o cultura Chimú se desarrolló en la costa norte entre el 1000, justo después del repliegue Huari en dicha zona, y 1460 d.C., momento de la llegada de los Incas. Las últimas investigaciones han dado nuevas luces acerca de una tradición Chimú traducida en un estilo cerámico, y por otra parte un señorío o reino llamado Chimor que a la postre serían los líderes supremos de la cultura Chimú. Sin embargo vale la pena aclarar que el origen de Chimú y Chimor no es el mismo, por más que hayan terminando siendo una unidad política.
Durante su época de apogeo, los Chimú alcanzaron a controlar unos 20 valles, desde el Chillón (norte de Lima) hasta Tumbes en el extremo norte, justo antes de la conquista Inca. A medida que fueron expandiendo su territorio a partir del 1300 d.C., que llegó a tener más de 1000 km. de extensión, tuvieron que crear centros administrativos para poder ejercer su control político y religioso. Su centro fue la conocida ciudad de Chanchán, conocida por su impresionante extensión y organización, pero también son importantes los complejos de Túcume (valle de la Leche), Pacatnamú (río Jequetepeque) y Farfán (sierra de La Libertad).
En la cultura Chimú es muy difícil separar el aspecto político del económico. Los investigadores lanzan la hipótesis que en esta sociedad primaba una organización socio-económica que cumplen diversos roles en la producción y el trabajo. La diferenciación en los entierros y la organización de los centros urbanos parece confirmar un alto grado de diferenciación social para los Chimú, más que para cualquier otra cultura prehispánica, pero se debe tomar en cuenta también si no se tratara más bien de una especialización más que de una diferenciación social. En todo caso, no existe un acuerdo entre el número de castas ni la composición de cada una, sólo parecen coincidir en que Chimú fue una sociedad jerarquizada, donde la elite compartía funciones aristocráticas y teocráticas.Un segundo tipo de diferenciación es la que forman los centros regionales por un lado y la capital por otro. De esta manera, los roles productivos de ciertas regiones les habrían conferido un carácter de casta, como sería el caso de los pescadores de la costa norte, que adoraban a sus propios dioses, tenían sus propios caminos e inclusive se casaban endogámicamente.
La organización política Chimú se nutre de los aspectos locales que se remontan hasta Moche, y de la presencia Huari en la zona. Ello se ve en el trazado de los centros urbanos y en la subordinación de lo social ante la arquitectura. Se cree que los chimúes concentraron el poder político en una sola persona, el cual aseguraba el funcionamiento del Estado a través del cobro de un tributo, para lo cual contaba con una clase administrativa. Así, a medida que los Chimú se fueron expandiendo y diversificando, esta clase adquirió mayor importancia y poder, pues debía organizar la producción, la redistribución y el consumo. Otros investigadores defienden la tesis del gobierno dual, que habría permitido una estabilidad política y religiosa.
Los Chimú separaron lo religioso de lo secular, y al parecer no contaron con un dios creador, sino con una variedad de divinidades locales, lo cual se puede explicar por la violenta etapa de expansión pero corta etapa de asentamiento, que impidió que se desarrollara una religión oficial. La luan , el sol y el mar eran las divinidades importantes.
Chinchas
La existencia de un tipo de organización social en la zona de Chincha, en el litoral al sur de Lima entre 1100 y 1450 D.C., es un hecho comprobado por los investigadores. Lo que no han logrado establecer es el carácter de esta sociedad, su organización y la fuente de su riqueza, la cual a la llegada de los españoles parecía haber sido muy grande. Son varios los cronistas que hacen referencia a un gran reino en la zona de Chincha, y se menciona frecuentemente que en los sucesos de Cajamarca del 16 de noviembre de 1532 que las dos únicas autoridades llevadas en andas eran Atahualpa y el señor de Chincha
La dificultad de las fuentes proviene de que la versión de los cronistas dependió en este caso de la de los incas, y es sabido que éstos reinterpretaron y tergiversaron gran parte de la historia antes del Tawantinsuyo. Es por ello que mientras algunos investigadores aseguran que en Chincha existió una organización centralizada, otros aseguran que había una serie de especialistas y que la principal actividad era el comercio.
La historiadora María Rostworowski es una de las principales defensoras de esta teoría. Ella asegura que existió un comercio a lo largo de la costa basado en un mercadeo a modo de indios, es decir, sin moneda y basada en el trueque. Según la historiadora, en Chincha había por lo menos 600 mercaderes que realizaban viajes hasta el Cuzco y por todo el Collao (donde comerciaban lana y cobre), mientras que por el norte llegaban a Quito para comerciar esmeraldas y spondylus. Este mercadeo costeño se realizó mediante balsas construidas con totoras y troncos de árbol. Inclusive se cree que la expansión del quechua en los andes provino de estos mercaderes, pues investigadores han comprobado que fue desde Ecuador que este idioma se dispersó por los andes por medio de los Incas.Los principales centros de esta cultura los encontramos en los sitios de La Centinela y Tambo de Mora (Chincha), que debieron ser centros administrativos ceremoniales, unidos con otros centros menores mediante una red de caminos que luego formaron parte de la red vial Inca o Qapaqñan. La evidencia allí encontrada confirma que los Chincha desarrollaron una economía múltiple que comprendía la agricultura, la pesa, el intercambio y la producción de artesanías (canastas, artefactos de madera).
La cerámica Chincha tiene un estilo muy característico, por más que se noten influencias del Horizonte Medio y de la tradición Ica. Las piezas son muy bien hechas, elaboradas y decoradas. Las formas son cántaros con cuello y con asas en la parte alta, formas de botellas, barriles, tazas, platos con paredes verticales y figurinas. En cuanto a la metalurgia, tanto el oro como plata y una aleación de cobre con oro y plata fue extensamente utilizada, sobre todo para la elaboración de vasos retrato, que son una demostración de la avanzada técnica de los Chincha, pues utilizaban una sola lámina de metal y le daban la forma deseada sin soldaduras ni uniones metálicas.

Chancay
Dentro del complejo de culturas que se desarrollaron en la Costa central, sobresale la Chancay por su tamaño y organización. Ubicada en el actual departamento de Lima, al norte de la ciudad capital, en los valles de Chancay, Huaura y Chillón, esta cultura tuvo presencia entre los años 1300 y 1450 d.C., momento de la conquista Inca. Lo curioso de esta cultura es que debido a su cercanía a Lima y a la acción de los huaqueros, es poco el material encontrado en su contexto original o los lugares que no hayan sido destruidos. Es por ello que si bien se han logrado recuperar valiosos vestigios cerámicos, textiles y de plumería, es poca la información con la que contamos de su sociedad o política.

14 jun. 2007

IntermediO TardíO [1450-1553 ] ºDESTRUCCIÓNº



Incas




Durante el Intermedio Tardío proliferaron pequeñas organizaciones curacales, llamadas señoríos por los investigadores, por toda el área andina. Si bien durante esta misma época estos señoríos coexistieron con organizaciones más complejas como los Chimú, ninguna resaltaba en especial, a no ser por ciertos vestigios anecdóticos y particulares de la zona andina. Nada hacía presagiar que de entre estos curacazgos, uno del Cuzco se haría el más famoso de todos: el de los Inca.




Los Incas para el siglo XII eran un pequeño grupo tribal que ocupaba la cuenca del Cuzco, evolucionando hacia señorío a inicios del siglo XIV y formando un Estado recién para el siglo XV. Fue allí que grupos como los Chanca empezaron a constituir una amenaza. Al parecer se libró una batalla, con lo cual se refuerza una idea de un grupo preparado para la guerra, el cual después sería uno de los principales caracteres de la expansión: administrativa, militar y cultural. Este carácter bélico de los Incas puede encontrar su origen en la expansión Huari, en su intento por conquistar el valle del Cuzco, mantuvo a la etnia originaria de los Inca en una alerta constante. Esto los fortaleció y les permitió atacar a los Chanca. Pero no sólo esto recibieron de los Huari, pues también aprendieron de su tipo de organización, la cual después reprodujeron a gran escala en el Tahuantinsuyo.






Lamentablemente no se cuneta con información confiable para relatar cómo fue esta expansión incaica, quedándose la historia trunca, entremezclada con el mito y con la leyenda. El trabajo de los arqueólogos en este sentido está en deuda, más aun si se cuenta con gran número de vestigios arqueológicos, como en este caso.






Tentativamente, los investigadores han usado las siguientes fechas para delimitar el desarrollo de los incas: Hacia el año 1200 d.C. se estableció el Estado Inca, en 1438 aproximadamente ocurrió la coronación de Pachacútec, y de ahí habría comenzado la vertiginosa expansión incaica hasta el momento de la llegada de los españoles, en 1532.






De los Huari heredaron una organización muy compleja, los caminos, las construcciones de piedra y por sobre todo la idea imperial. De los Chimú, quizá la cultura más poderosa y compleja hasta su contacto con los Incas, heredaron la divinización del mandatario y de su entorno, y la existencia de una jerarquía administrativa. El tema de la dualidad incaica lo encontramos en una tradición que no puede ser atribuida a una sola etnia, y parece que fue una institución bastante arraigada del área andina.




Se debe enfatizar que si bien los Incas recibieron gran parte de las tecnologías e instituciones que luego utilizó y expandió, el enorme territorio que lograron administrar política y comercialmente, así como los impresionantes monumentos que han hecho a esta cultura mundialmente famosa, es prueba de una sorprendente capacidad organizativa que va más allá de la simple reproducción de tecnologías e instituciones. En ese sentido los Incas no copiaron, sino aprovecharon lo aprendido para mejorarlo y potenciarlo.





Composición social




Un examen de la sociedad andina de finales del siglo XV destaca como una sociedad jerarquizada, compuesta por macroetnías gobernadas por hatun Curacas o grandes señores quienes a su vez tenían bajo su autoridad a una serie de señores menores.




La élite






La sociedad andina estuvo muy jerarquizada. Comprendía, en la escala inferior, a los hatun runa u hombre del común e inmediatamente por encima se extendía una vasta gama de señores.

Durante el gobierno de Túpac Yupanqui, el soberano ordenó la división de la población en un incipiente sistema decimal. La primera agrupación era de diez hombres del común o chunga (diez) liderados por uno de ellos; diez de estos pequeños grupos componían una pachaca (cien individuos) con su propia jefe; diez de aquellas pachacas formaban una guaranga (mil hombres) también con su señor.
Varias guarangas de una misma composición étnica se unían en una macroetnía o gran señorío con sus propios mitos de origen, sus tradiciones, costumbres e idioma. A estas macroetnías, los españoles las denominaron vagamente "provincias" sin indicar su área geográfica detallada. Así sabemos por ejemplo que existía el Señor de las siete guarangas de Cajamarca, la sétima estaba formada por toda una guaranga de
mitimaes de distintas procedencias e impuestas y formadas por los incas. Este sistema tenía la gran ventaja de permitir una contabilidad permanente en la población, necesaria para conocer por un lado los lugares superpoblados de donde se podía sacar gente para formar los ejércitos y, por otra parte, los que tenían escasez de mano de obra y requerían de mitamaes. La contabilidad se realizaba gracias a los quipus, esas cordeletas de distintos colores, largos y nudos que eran manejadas por especialistas llamados quipucamayos. A la cabeza de cada macroetnía se situaba el Hatun Curaca o gran señor que a su vez gobernaba a los varios señores de guranga (mil) y así bajaban los jefes en la escala social.
Ahora bien, en todo el Tahuantinsuyo los señores eran duales, uno para la mitad de Arriba y otro para la mitad de Abajo. Con la formación del Estado Inca surgieron los curacas eventuales, por lo general paniaguados o servidores del soberano o personas a quienes éste quería distinguir. Un ejemplo de aquellos eran los dos curacas del pequeño señorío de Lima al tiempo de la fundación española de la Ciudad de Los Reyes. El uno se llamaba Taulichusco y pertenecía a la categoría de yana o sea de servidor de Mama Vilo, esposa secundaria de Huayna Cápac; el segundo jefe, Caxapaxa, radicaba en el Cusco y era yana de Huayna Cápac. Los incas gustaban de tener en la capital a uno de los jefes duales para controlar a los señores en caso de rebelión.
Estos grandes señoríos o macroetnías se desestructuraron muy temprano para crear el sistema de encomiendas coloniales. Además de los señores que gobernaban los grandes señoríos, el Estado necesitaba un gran número de dignatarios para agilizar el gobierno. Se trataba de administradores, jueces, visitadores, Apos o jefes que iban por las "provincias" escogiendo a las doncellas para los
Aclla huasi. Muchos de los personajes que cumplían algún papel en la administración de tan grande Estado eran miembros de las panacas o de los ayllus custodios.
Un renglón aparte fueron los quipicamayos o contadores estatales quienes llevaban en los quipu las cifras poblacionales y también los montos almacenados en los depósitos gubernamentales. Dado que en el Incario se desconocía el uso del dinero, los depósitos llenos de bienes manufacturados y de subsistencias representaban la riqueza del Estado. Con esos bienes el Inca podía mostrarse generoso y el gobierno hacía frente a los ritos de la
reciprocidad.
Otro funcionario importante era el veedor de los caminos y puentes quien controlaba que la gente local mantuviera en buen estado la red vial.



Los sacerdotes









Después de los diversos señores y de los administradores, eran importantes los sacerdotes. Los había de muy distintas categorías a la cabeza, el sumo sacerdote del Sol, siempre un pariente cercano del Inca.
En el ámbito andino existía una gran afición por los oráculos y se predecía el futuro de muy distintas maneras. Ningún acto importante se efectuaba sin antes consultar con la callpa. Se trataba de extraer el palpitante corazón de un camélido y de leer en él los augurios.
Los informantes de Ávila narran de un augurio sobre el fin de la adoración del dios Pariacaca, un imponente nevado de la zona de Huarochirí. Para honrar dicha huaca se estableció un grupo de sacerdotes de Hanan yauyos dedicados a su culto y un día estando reunidos auscultando las vísceras de una llama sacrificada, uno de ellos exclamó "¡Qué desgracia! Los augurios son nefastos. Hermanos, nuestro padre Pariacaca será abandonado!"

Furiosos, los demás lo insultaron, pero a los pocos días se supo de los sucesos de Cajamarca y los sacerdotes se dispersaron y retornaron a sus ayllus.
Entre los sacerdotes los había que hablaban con las
huacas y los que lo hacían con los difuntos. También estaban los que predecían el futuro con granos de maíz, hojas de coca o con arañas negras y peludas encerradas en huesos humanos vacíos para saber el porvenir abrían los tubos de huesos y la forma en que caían los arácnidos y si se quebraban las patas o no, les permitía pronosticar el futuro.




Los mercaderes



En los Andes existió en la costa una clase social que se dedicaba al trueque y al intercambio. Estos fueron llamados por los españoles "mercaderes a modo de indios" porque no usaron dinero, aunque los había de diversa índole.
En el señorío de Chincha, estos "mercaderes a modo de indios " formaban una clase aparte compuesta por seis mil personas. Ellos mantenían un intercambio en dos sentidos, una ruta norteña con balsas hasta Puerto Viejo y Mantas en el actual Ecuador, y una vía terrestre con hatos de camélidos hacia el Altiplano y el Cusco.
Estos tratantes llevaban cobre para el intercambio marítimo con el norte y a su retorno traían
mullu, unas conchas rojas (Spondylus) de las tibias aguas de los mares septentrionales. La importancia del Spondylus consistía en ser la ofrenda favorita de las huacas y dioses y se usaban para los ritos propiciatorios de lluvias. Los arqueólogos han hallado Spondylus desde la época Chavin de Huantar, es decir en tiempos muy anteriores al Intermedio tardío sobre el cual tratamos aquí.
Pero no sólo en Chincha prosperaban los "mercaderes". En el norte los había de dos categorías sociales. Existía por una parte, un trueque de pescado seco y salado realizado por grupos de pescadores especializados en dichos trabajos. Ellos trocaban en su propio valle y el excedente lo llevaban a la sierra contigua. El segundo nivel de "mercaderes" correspondía a "señores" que no poseían tierras ni agua - así lo afirmaban- y se ocupaban de mantener un trueque que consistía en ropa de lana, chaquira, algodón, frijoles, pescado y otras cosas. Los jefes más modestos trocaban con sal.

Los artesanos


En la costa, los artesanos tenían una situación especial pues trabajaban sólo en su oficio. En la sierra, por el contrario, no dejaban de atender a la agricultura. La característica yunga o sea costeña era la especialización laboral. Con el transcurso del tiempo, el gobierno tuvo necesidad de acceder a un mayor número de objetos suntuarios, lo cual requería de una dedicación exclusiva de los artífices. Por ese motivo se procedía a enviar al Cusco y a los principales centros administrativos a grupos de ayllus de artesanos con el objeto de satisfacer las demandas estatales. Los más solicitados fueron los plateros u orfebres costeños y hallamos en el Cusco a ayllus oriundos de Ica, Chincha, Pachacamac, Chimú y Huancavelica del Ecuador. Otros artesanos requeridos fueron los ceramistas y pintores de mantos costeños. En 1566 los encontramos en el norte del país solicitando autorización para ir de pueblo en pueblo cumpliendo sus oficios.




Causas de la caída

El espectacular colapso del incario se produjo por una serie de motivos que se pueden dividir en dos tipos las causas visibles y las causas profundas. Los fundamentos visibles son bien conocidos la guerra fratricida que mantuvo dividido el poder y el mando, el factor sorpresa aprovechado en la emboscada de Cajamarca, la superioridad tecnológica europea referente a las armas, es decir los arcabuces, falconetes, espadas de acero y la presencia de los caballos.
Todas estas razones pesaron en los acontecimientos pero no fueron las únicas que determinaron el triunfo de los hispanos. Existieron otros elementos que actuaron de manera decisiva en la derrota indígena, a saber la falta de integración nacional por no tener los naturales conciencia de unidad frente al peligro extranjero y la carencia de cohesión entre los grupos étnicos.
El estado inca no fue considerado por los naturales bajo el concepto de una nacionalidad. Además, la hegemonía inca no pretendió anular la existencia de los grandes señores étnicos porque sus estructuras socioeconómicas se apoyaban en ellos y no suprimió sus particularidades. Al Inca le bastaba recibir el reconocimiento de su poder absoluto que le daba acceso a la fuerza de trabajo que necesitaba para cumplir sus obras de gobierno y la designación de las tierras estatales y del culto en todo el territorio.
La única medida centralizadora ordenada por el soberano fue la implantación de una misma lengua en todo el país. La intención era facilitar el trato y la administración ante la pluralidad de lenguas y dialectos. El advenimiento de los incas significó para los grandes señores una pérdida de poder y de buena parte de sus anteriores riquezas. Sus mejores tierras pasaron al poder del Estado, con la gente local trabajando sus campos y el usufructo llenando los depósitos gubernamentales.
A pesar de los grandes regalos percibidos por los curacas a través de la reciprocidad, ello no compensaba su pérdida de libertad y la imposición del yugo cusqueño. La situación del hatun runa u hombre del común no era más satisfactoria con la creación de la mita guerrera y los masivos traslados de poblaciones de mitimaes. Así, el incario a la muerte de Huayna Cápac no era el estado utópico pintado por algunos cronistas. Por el contrario, el descontento animaba a buena parte de la población y es por ello que con el arribo hispano y la guerra civil les pareció a los curacas que era el momento preciso para dejar de lado la reciprocidad con el Inca y aprovechar de los forasteros para trocar con ellos sus lealtades. Un innegable descontento debió reinar entre los señores y entre las clases populares, insatisfacción que dio lugar a un deseo de sacudirse de la influencia inca. Estos sentimientos explican la buena acogida otorgada por los naturales a las huestes de Pizarro. Es por esos motivos que los españoles fueron masivamente ayudados por los señores indígenas con ejércitos, cargadores de víveres, armas y bienes de toda índole. No fue un puñado de hispanos quienes doblegaron al Inca sino los propios andinos descontentos con la situación imperante quienes creyeron encontrar una ocasión favorable para recobrar su libertad. Si sus cálculos fallaron fue debido a la natural ignorancia de los acontecimientos futuros pues ellos no conocían los deseos imperialistas de la corona española ni sus extensas conquistas en México y el Caribe.




Las violentas epidemias




Antes que los españoles pisaran el suelo del Tahuantinsuyo, las epidemias se habían adelantado ya y habían tomado posesión de las tierras con inusitada violencia. En el primer viaje de Pizarro desde Panamá, quizá en la isla de La Gorgona o en tierra firme, un blanco o un negro cayó enfermo y contagio a la población local. De ahí, como reguero de pólvora, el mal se extendió incontenible, ensañándose contra pueblos indefensos frente a esas nuevas enfermedades. Estas enfermedades eran las eruptivas como la viruela, viruela loca, sarampión, gripe, etc. Los naturales fueron fulminados por enfermedades comunes en Europa pero para las cuales los ellos no poseían defensas genéticas. Funesto aporte de ultramar.
Después del primer estrago, las epidemias se hicieron recurrentes. Aparecían de tanta en tanto y aniquilaban ayllus enteros. Así, hallamos en los documentos de la zona de Huarochirí del siglo XVIII una lista de algunas comunidades desaparecidas debido a enfermedades. Al lado de los ayllus figura la palabra "fenecido". Indudablemente las epidemias debilitaron la resistencia andina ante los extranjeros y facilitaron la invasión. Según estimaciones del historiador David N. Cook, la caída demográfica alcanzó a finales del siglo XVI el 90% de la población prehispánica y la desaparición de casi la totalidad de los habitantes de la costa central afectados directamente por las guerras civiles entre españoles, el exceso de tributo y la edificación de la Ciudad de los Reyes.

3 jun. 2007

Tengo el orgullo de ser peruana y soy feliz!


Muchos peruanos que se fueron de su país piensan que la vida se disfruta mejor en Perú, más aún que en el extranjero. A pesar de las diferencias económicas y de las formas y calidad de vida, muchos peruanos extrañan el calor humano de la vida simple en Perú. Sin embargo, para muchos es impensable el regresar a vivir en un país que todavía está en formación y en cambio constante (inexpicables cambios a veces), y por lo tanto con muchos problemas sociales, donde casi no existe una clase media (con excepción de algunas áreas de la capital Lima y dos o tres ciudades más). En Perú, al igual que el resto de Latino América, uno es muy rico o muy pobre, y ambas realidades con diferencias abismales difíciles de superar aunque no imposibles.


Para vivir en Perú se necesita coraje, creatividad, esfuerzo y optimismo, cosas que les sobra a los padres peruanos, quienes no pudiendo cubrir siempre los gastos de la familia, recurren a una u otra forma de empleo para apoyar a sus hijos. Es que en el país del huayno, el pisco, la chicha, el oro Inka, el ceviche, perreo chacalonero y la marinera, todavía existe mucha pobreza, injusticia, y falta una educación de primera que fomente -entre otras cosas- nuevas formas de mejorar la economía local usando los recursos humanos y naturales tan valiosos que ya tienen los peruanos.